Carta a los californianos (California Dreamin’ 2.0)

November 22, 2016 7:57 am Published by Leave your thoughts
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Dr. Robert K. Ross
President and CEO, The California Endowment

Escribí este mensaje justo antes de las elecciones del martes, así que el resultado ya estará decidido para cuando usted lea esto. Pero el punto principal de esta carta va más allá de quien haya sido, o no, electo presidente de los Estados Unidos. Se trata de California y de los californianos en este momento de la historia política y cívica de nuestra nación.

No es una exageración observar y declarar que nuestra nación está claramente dividida. Esta elección no creó la división tanto como la reveló. Las brechas que nos separan son varias, pero digamos simplemente que la grieta principal es el asunto de inclusión versus exclusión. Quién pertenece y quién no. La batalla entre Trump y Clinton reveló y encumbró posiciones políticas exclusionarias e improductivas como caminos que demasiada gente en los EE.UU. parece dispuesta a escoger.

Durante la pasada década, California se ha movido decididamente hacia un camino de inclusión. Estoy orgulloso de los californianos este año, especialmente nuestros jóvenes que se registraron para votar y acudieron a las urnas en números record. Espero que los jóvenes sepan cómo de importante fue su voto y cómo de importante fue su lucha para cambiar el sistema de justicia criminal, por la igualdad para grupos LGBTQ, la reforma migratoria, cuidados de salud para todos, y más. Su lucha puede que no sea victoriosa en el Congreso, pero revela cómo California y la nación se van a ver dentro de diez o veinte años.

Hemos presenciado esta clase de transformación antes.

Me mudé de la Costa Este a California a principios de los años 1990s. Pensé que estaba llegando a un lugar de posibilidades, pero encontré a California en un momento de “exclusión”: Era el ambiente post-Prop 13, anti-inmigrantes, Prop 209/anti-acción afirmativa, con una mentalidad de “A la tercera estás eliminado” que llevó a la construcción de 22 nuevas prisiones estatales al tiempo que sólo se abría un nuevo campus de la Universidad de California. Las divisiones raciales quedaron crudamente expuestas tras el apaleamiento policial de Rodney King y el juicio a OJ Simpson.

Aquello estaba muy lejos de ser la Edad Dorada para nuestro gran estado.

Desde entonces, los californianos hemos evolucionado (podemos discutir si se trata de un fenómeno puramente demográfico, o si se trató de un momento de iluminación por el fuego), y ahora vemos el resto de la nación pugnar con una crisis adolescente de exclusión y división por la que California pasó hace veinte años.

Tuvimos nuestro Ferguson, tuvimos nuestro momento “construyamos el muro”; California estuvo ahí, lo vio todo.

Eso no significa que California ya resolvió, o está cerca de resolver, todos los problemas de racismo institucional y estructural, y las políticas de exclusión. Pero la matemática demográfica, política y cívica me sugiere que estamos dos décadas por delante de la nación. No sé si un nuevo presidente, quien quiera que sea elegido, pueda liderar nuestra nación a través de este feo enredo de división. Lo que sé es que California está singularmente y únicamente posicionada para, parafraseando a Gandhi, “ser el cambio que la nación necesita.”

No me considero a mí mismo un exaltado entusiasta del excepcionalismo de California. Pero hay pruebas claras de que California está mandando un mensaje poderoso y persuasivo sobre la promesa de una América inclusiva que ya está a pleno funcionamiento. La combinación de liderazgo político y cívico por parte del gobernador Jerry Brown y la legislatura estatal en años recientes ha marcado exactamente el tono a seguir – y aunque podemos debatir si están liderando o siguiendo a los votantes, dejaré este asunto en manos de los politólogos.

Las pruebas son las siguientes: en un amplio frente de batallas políticas de inclusión e “igualdad”, estamos liderando.

En cuidados de salud, California ha liderado con la adopción y ejecución más inclusiva del Acta de Salud Asequible (Affordable Care Act) en la nación.

En educación pública, nuestro gobernador impulsó la Local Control Funding Formula, la cual por primera vez ofreció un enfoque de financiación educativa que da prioridad a niños desfavorecidos e inmigrantes en escuelas con necesidades.

En justicia criminal, la combinación de la aprobación de Prop 47 y las propuestas políticas del gobernador y la legislatura contrarrestaron con vigor el legado de Three Strikes and You’re Out (“A la tercera estás eliminado”). Estamos dejando de lado políticas de híper-encarcelamiento racistas y en camino de enfatizar la prevención sobre el castigo como el marco más inteligente para combatir el crimen.

En inmigración, el estado se ha movido para establecer que, ya sea en los casos de licencias de conducir, educación, salud, o pago de horas extras para trabajadores agrícolas, el camino preferido es el de dignidad-humanidad-inclusión.

Y con una dosis del pragmatismo fiscal de Jerry Brown, la economía y el presupuesto de California no se asomaron al abismo. Al contrario, nuestro balance fiscal es ahora mejor que el de la mayoría de estados.

Dieciséis días después de elegir al nuevo presidente, los estadounidenses se reunirán alrededor de la mesa para Thanksgiving. Más que nunca, necesitamos celebrar esta tradición festiva de cortesía, unidad y familia. El tío que votó por Trump deberá encontrar terreno en común con su sobrina que apoyó a Clinton. Juntos, podemos recordar lo que de verdad hace grande a nuestra nación: nuestros valores compartidos de libertad, democracia y justicia. Nuestro país necesita una pausa de la política que ha agotado a nuestra nación durante la última elección, y un momento para que todos nos enfoquemos en unir a nuestra nación y construir solidaridad mutua.

Juntos, podemos ser el cambio que nuestra nación debe ver.

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