Dr. Mahdi Ashrafian, ACA/Medi-Cal

Marina, quien padece de angustia y depresión, se había dado cuenta de que no podía interactuar con su esposo y sus hijos como antes. Tuvo que renunciar a su empleo como maestra de escuela primaria y desde entonces, se sintió desmotivada y no regresó a ese trabajo ni encontró otro. Su hermana sugirió que consultara a un terapeuta o a un especialista en salud mental. Pero debido a que Marina no tenía seguro médico y el empleador de su esposo, una empresa pequeña, no brindaba esta cobertura, ella no podía permitirse buscar atención médica. Todo su entorno familiar cambió a causa de su trastorno mental. Además, estaba todavía más angustiada y deprimida porque no solo se sentía desesperanzada e inútil, sino que también se preocupaba todo el tiempo de que podría perder a su esposo y a sus hijos al no poder funcionar normalmente. Hubo días en los que se sentía tan desesperanzada, que pensó en quitarse la vida.

A diferencia de Marina, Joe estaba muy entusiasmado con su vida esperando poder asistir a la próxima graduación de su hijo de la universidad. Hace unos años, Joe recibió un diagnóstico de diabetes de tipo 2, pero no había podido controlar su enfermedad. Joe se afanaba para poder pagar sus medicamentos y la atención requerida de oftalmólogos, nefrólogos y especialistas en enfermedades infecciosas —especialistas que debe consultar con regularidad una persona con diabetes descontrolada—. Intentaba arreglárselas lo mejor que podía, pero le costó trabajo incluso permitirse consultar habitualmente a un médico general para checar sus niveles de azúcar en sangre. Su hemoglobina A1c estaba por encima de 15 y era muy probable que sus riñones dejasen de funcionar y que perdiera la vista si seguía por este camino, sin tratarse ni controlar su enfermedad. Al mismo tiempo, tenía una familia que mantener con su trabajo como taxista y debía pagar la matrícula universitaria de su hijo.

Marina y Joe (no son sus nombres verdaderos debido a la privacidad que debe guardarse por la ley HIPAA) son dos de los pacientes que atendemos en el centro de salud calificado por el gobierno federal (FQHC, por sus siglas en inglés) del que actualmente soy el director médico. Ambos son pacientes habituales que reciben atención en nuestras clínicas y viven una vida feliz y productiva, pues reúnen los requisitos para inscribirse en Medi-Cal, como resultado de la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio (ACA, por sus siglas en inglés) y la expansión de Medicaid. Este cambio revolucionario en la atención médica permitió que muchos ciudadanos estadounidenses recibieran los cuidados que se merecen y que junto a sus familias, participaran del sueño americano en vez de ser arrojados por el abismo del sistema de salud o a la ruina económica y la pésima atención.

Sin embargo, hoy en día la atención médica en nuestro país está siendo llevada por un camino imprudente e irresponsable. Y es que continúan las propuestas para debilitar sustancialmente la ACA y perjudicar al programa Medi-Cal de California, con efectos devastadores en la vida de las personas. Como médico, me preocupa mucho la dirección en la que los líderes de nuestro país han insistido en llevar la política de salud. Sé que a la larga, las personas y sus familias serán quienes sufrirán mucho y tendrán que vivir con las consecuencias por muchos años.

Los intentos de derogar la ley en el 2017 estaban dirigidos descaradamente contra la salud y el bienestar de muchos estadounidenses. De un modo u otro, todas las propuestas prometían dejar a millones de personas sin acceso a la atención médica a bajo costo. Si cualquiera de estas propuestas se hubiera convertido en ley, se hubieran recortado miles de millones de dólares de los servicios de salud pública y de Medicaid, conocido aquí en California como Medi-Cal. La mayoría de las personas que corrían el riesgo de ya no tener acceso a la atención médica a bajo costo eran de los estados que lograron aumentar la cobertura al seguro médico con la ACA. Los efectos de estas propuestas hubieran sido increíblemente desproporcionados —en particular aquí en California, donde gracias a la ACA muchos más individuos y familias tienen seguro médico—.

Lamentablemente, la lucha no ha terminado; el acceso a la atención de salud todavía corre peligro. Resulta claro que algunos legisladores en Washington D. C. se han dedicado a buscar maneras creativas de detener y dar marcha atrás al progreso de la ACA y la expansión de Medicaid, a pesar de sus muchos éxitos. Las numerosas propuestas de este último año tenían en común una tendencia parecida e inquietante: habrían causado que millones de personas perdieran su seguro y su acceso a la atención médica en todo el país, desde los jóvenes hasta los ancianos. Si esto en algo suena mal, es porque lo es.

La realidad es que no existe ningún estado que pueda permitirse que los miembros de su comunidad carezcan de acceso a la atención médica. Poder tener acceso y mantener la atención médica individual y familiar es invaluable. El acceso a cuidados preventivos y a bajo costo significa que más niños en las escuelas aprenderán y no se meterán en problemas; que habrá una fuerza laboral más sana que mejore nuestra economía al pagar impuestos y mantener a su familia; y que habrán menos miembros de la comunidad que dependan de los costosos servicios de las salas de emergencia. En todos los países desarrollados se ha comprobado ampliamente que una población más sana mejora la fuerza laboral, la economía y la sociedad en general. Por el contrario, la falta de acceso a la atención adecuada causará que más personas no puedan trabajar, pagar impuestos ni aportar a la economía. Y ni mencionar las vidas y las familias que serán destruidas y el riesgo a la seguridad pública ante una posibilidad real de contagio de diversas enfermedades infecciosas en todas nuestras comunidades.

Después de más de un año de conversaciones, debates y propuestas, todavía no entiendo la lógica de intentar dejar a las personas sin atención médica, ni cómo el hacerlo beneficiaría a alguien. Si una persona o familia no puede pagar por un tratamiento, o no puede obtener seguro debido a una enfermedad preexistente, ¿entonces qué? ¿Anticipar su ruina financiera o hacernos de la vista gorda? Ni las enfermedades ni los accidentes discriminan, y tampoco debería ser así con el acceso a la atención médica. Cualquier persona —en cualquier momento— puede llegar a necesitar un médico, porque nunca se sabe lo que puede pasar.

Si los líderes siguen intentando hacer recortes en Medicaid, los más perjudicados serán las personas y las familias de bajos ingresos. Esa es la población que obtuvo seguro —y por eso, se mejoró la salud de todo nuestro estado y del país— gracias a la ACA y a la expansión de Medicaid. Debido a esta expansión, estas personas y familias cuentan con acceso a la medicina preventiva y pueden ir al médico, sin endeudarse. Más de un tercio de las personas en nuestro estado cuentan con Medi-Cal para mantener sanas a sus familias. Y no hace falta que un médico diga que cuantas más personas estén sanas, mejor será para todos nosotros, para la salud de nuestras comunidades y de nuestro estado. Por supuesto, Medi-Cal salva vidas.

Este último año no ha sido más que un penoso espectáculo, mientras veía propuesta tras propuesta venir de Washington D. C. prometiendo mejorar la atención médica. En realidad, todavía no ha habido una propuesta que mejore la salud de los californianos, o de hecho, de los ciudadanos de nuestro país. Estoy convencido de que esto no tiene que ver con lo que es mejor para la atención de la salud. Tiene que ver con un pequeño grupo de poderosos individuos privilegiados que buscan victorias políticas en Washington D. C. secuestrando nuestro acceso a la atención médica. Irónicamente, este mismo grupo no sería afectado para nada por los cambios en la atención médica. A ellos sencillamente no les importan las vidas y el bienestar de las personas y las familias de bajos ingresos que serían las más perjudicadas.

¿Y los pacientes que mencioné anteriormente? Marina pudo obtener el seguro de Medi-Cal después de que se implementó la ACA y ahora recibe servicios de psiquiatría y psicoterapia en nuestras clínicas. El tratamiento de su angustia y depresión está dando buenos resultados, y de nuevo se siente conectada con su familia. Hace poco también volvió a su trabajo como maestra de escuela primaria en el sistema escolar público. Ya no piensa en suicidarse ni se preocupa sin cesar de poder perder a su familia. En términos generales, es mucho más feliz, está más motivada a ayudar a los demás y está más atenta a sus alumnos y al bienestar mental de ellos en sus hogares.

Joe también empezó a tener la cobertura de Medi-Cal después de la ACA y ahora tiene la diabetes controlada. Sus medicamentos son costeables y tiene un médico general a quien ve con regularidad para checar sus niveles de azúcar en sangre. Gracias a la atención médica, la educación sobre el cuidado de la salud y la coordinación de la atención que recibió en nuestras clínicas, pudo reducir su hemoglobina A1c a un nivel aceptable y contener el daño que la enfermedad le estaba causando en los riñones, los ojos, el corazón y las extremidades. Si no hubiera sido por la ACA, es muy probable que hubiera perdido ambos riñones y se hubiera quedado ciego, y que no hubiera podido obtener seguro ni controlar su salud. Ahora hace ejercicio con regularidad, se alimenta de manera saludable, ha seguido trabajando y por lo tanto, paga sus impuestos y puede mantener a su familia. Su hijo está a punto de graduarse de la universidad y está pensando en ir a la facultad de medicina para convertirse en médico de atención primaria.

Hay miles, o millones, de pacientes como Marina y Joe con historias similares en toda California y a nivel nacional, todos con algo en común. En la actualidad todos pueden llevar una vida sana y trabajar, mantener a su familia, pagar sus impuestos y contribuir a la economía estadounidense gracias a la Ley del Cuidado de Salud a Bajo Precio y a la expansión de Medicaid. Si no hubiera sido por la ACA, ¿qué habría pasado con Marina y su familia? ¿Marina habría podido salir de la depresión sin el apoyo de terapeutas y sin medicamentos? ¿Habría terminado quitándose la vida? ¿Qué le habría pasado a Joe? ¿Habría podido sobrevivir a su enfermedad y mantener a su familia? Dudo que las respuestas a estas preguntas hubieran sido positivas. Si me preguntan, estas dos familias y miles más en todo el país podrían haber sido destruidas.

Como profesional de la salud por muchos años, veo los esfuerzos que se realizan como una fórmula para un país enfermizo, que eventualmente arruinará a muchas familias y las destruirá económicamente. Los legisladores de ambos partidos deberían evitar usar la atención médica como un arma para atacarse mutuamente y sacar ventaja en sus peleas políticas. Deberían darse cuenta de que la atención médica no solo tiene que ver con la vida y el bienestar de millones de ciudadanos estadounidenses y sus familias; también es un asunto de seguridad pública y posiblemente de seguridad nacional en todas las sociedades modernas. El acceso a la atención médica a bajo costo nunca debería cuestionarse. Debería ser un derecho fundamental para todos. Esta es la única manera en la que podríamos crear una sociedad sana y una economía pujante.

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