Refugiados en Estados Unidos de America

Refugiados merecen justicia y acceso a salud

Estados Unidos es el país que recibe la mayor cantidad de inmigrantes y refugiados de todo el mundo. Según cifras del Departamento de Estado, durante el año fiscal 2016, casi 85 mil refugiados se asentaron en territorio estadounidense siendo California el estado que recibió a más expatriados (10% del total).

Los refugiados, a diferencia de los inmigrantes en general, son aceptados en un país por ser perseguidos, principalmente por razones políticas y religiosas en su país de origen. El estatus de refugiado en EEUU les permite residir legalmente y trabajar en el país, así como tener acceso al seguro de salud público como el Medi-Cal.

A pesar que sufren las mismas necesidades y tienen ilusiones similares, algunas comunidades de refugiados dentro de EEUU son poco conocidas.

Este es el caso de los expatriados provenientes de Burma (también conocido como Myanmar), un país del sudeste asiático. Los refugiados burmaneses han estado huyendo a los EEUU desde 1962, debido a la persecución política en manos del gobierno militar que prohíbe la oposición política y ha reprimido los intentos de democratizar su sociedad.

En total, 12,347 refugiados de Burma llegaron a los EEUU en 2016. En California, Oakland, en el área de la Bahía, es la ciudad donde se concentra la mayor cantidad de refugiados burmaneses.

“Hay muchos refugiados de Burma en la Bahía, pero en comparación a otras comunidades somos pocos”, dice Zar Ni Maung, quien llegó a EEUU siendo muy joven y actualmente es parte de la mesa directiva de la organización “Burma Refugee Family Network” (BRFN) de San Francisco (www.brfn.org).

Maung, quien ha colaborado previamente con otras organizaciones de refugiados, como “Refugee Transitions”, también de San Francisco, pudo salir de Burma en 1989 rumbo a Ghana, desde donde más tarde viajaría a EEUU. “Tengo un compromiso social, quería cambiar las cosas en mi país”.

Entre los países latinoamericanos, miles de salvadoreños, nicaragüenses, hondureños y guatemaltecos también han llegado a territorio estadounidense como refugiados. Sin embargo sus números no son tan altos, a pesar del programa Central American Minors, establecido en 2014 para proporcionar a ciertos menores en El Salvador, Guatemala y Honduras la oportunidad de ser considerados como refugiados en EEUU mientras estaban en su país natal (ese programa fue cancelado por la Administración Trump en noviembre de este año).

 Poco acceso a la salud

La mayoría de los refugiados, como es el caso de los burmaneses, tienen pocos recursos y una educación limitada, lo que les impide integrarse rápidamente a la sociedad estadounidense y hacer uso de los recursos disponibles.

“Nuestra comunidad tiene muchas limitaciones”, asegura Maung. “Algunos no pueden ir a trabajar porque no tienen transporte”, dice.

Un estudio realizado en 2011 por la Universidad Estatal de San Francisco, en colaboración con BRFN, sobre los refugiados burmaneses radicados en Oakland (“From Crisis to Community Development, Needs and Assets of Oakland’s Refugees From Burma”) , estableció que el 63% está desempleado y que el 38% no habla inglés —otro 28% lo habla muy limitadamente.

Precisamente, el estudio menciona las limitaciones con el inglés y la falta de transporte para llegar a las citas médicas, como los principales obstáculos para obtener cuidado de la salud —una barrera prevalente para los refugiados de muchos otros países.

Algunos refugiados provienen de áreas rurales y tienen diferentes etnias y diversidad de lenguas y dialectos nativos, lo que les impide comunicarse con intérpretes burmaneses.

“Si nuestra gente va al médico y éste le pide al paciente que regrese para otro chequeo, casi nunca lo hacen”, dice con preocupación Maung. “Otro problema es que los médicos no nos escuchan más allá de las traducciones… Nosotros somos más que intérpretes, podemos ayudar más, explicarle detalles a los médicos, pero no se interesan!”

En esta comunidad existen serios problemas de salud mental como ansiedad y depresión causados por la situación de violencia y represión de la que ha venido escapando. En el aspecto físico, Maung menciona la alta presión arterial, problemas pulmonares, diabetes, dolores musculares, de espalda y problemas hepáticos como las principales dolencias.

Retos similares en el área de la salud física y mental son evidentes entre otros enclaves monolingües, específicamente entre los inmigrantes latinos de bajos ingresos y aquellos que viven en áreas rurales, la mayoría de los cuales son indocumentados.

Sin embargo, gracias a la realización de varias campañas y de la aprobación de varias leyes en los últimos años, California garantiza el acceso al Medi-Cal completo —que cubre salud preventiva, salud física, mental, dental y medicamentos— a todos los inmigrantes de hasta 19 años sin importar su situación migratoria. Pero todavía hay mucho por hacer en cuanto alcance y educación, pero a medida que se conocen más asuntos, ahora más que nunca sabemos que debemos continuar luchando por la salud y la justicia para todos.

Eduardo Stanley

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